jerusalén en el exiliomemorias tangibles

 

 

 

 Jerusalem, photo by Steve Sabella

Jerusalem tiles, photo by Steve Sabella

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Jerusalén en el exilio, memorias tangibles

Una percepción renovada de Jerusalén

Steve Sabella

I Las imágenes forman parte de nuestra realidad y frecuentemente observamos el mundo a través de ellas. De hecho, filtramos la vida a través de imágenes. Frecuentemente recurrimos a imágenes guardadas en nuestra mente para describir hechos. Cuando recordamos algo, generalmente lo recordamos en la forma de una imagen. Esta imagen es en realidad la memoria misma, la cual sufre etapas de edición en las que se cambian o eliminan algunos detalles. La realidad se encuentra atrapada o definida en imágenes. Resultaría muy interesante notar como cambia la memoria de una generación a otra. Roland Barthes escribe que una “imagen es una re-presentación, es decir una resurrección…” (traducción propia) [i] Las imágenes mentales son agentes de la memoria; nos ayudan a recordar [ii]. Tendemos a guardarlas y debido a su gran cantidad, naturalmente, tendemos a olvidar su presencia virtual. Sin embargo, cuando necesitamos recordar algo, los recuerdos  regresan y las imágenes guardadas resucitan transmitiendo sus detalles. Asimismo, atraemos recuerdos cuando vemos algo que se asemeja a cierta imagen guardada en nuestra mente. Vivimos en un mundo de imágenes donde las imágenes concretas interactúan con las imágenes mentales cuando ambas se asemejan, despertando así el proceso de la memoria.     

 

 Una infinidad de imágenes se encuentran almacenadas en nuestro cerebro. Debido a su gran cantidad, muchas imágenes pierden importancia con el paso del tiempo. Algunas incluso parecieran perder su significado. Un viaje para develar una de las imágenes (cuando decidimos recordar algo) hará a esta imagen en particular más prominente que las demás.  La pondremos en un compartimiento distinto del cerebro y se convertirá en un pensamiento suspendido. Luchará por salir a la luz. Con el proyecto Jerusalén en el exilio, pretendo que  usted recuerde y describa con palabras una imagen de Jerusalén que descansa en su mente. Luego, sus palabras me servirán de guía e inspiración para convertirlas de nuevo en una imagen fotográfica. Una vez que se unan las palabras y la imagen recreada, los espectadores las verán con nuevos ojos. Por ejemplo, al ver la siguiente imagen muchos dirían que es la fotografía de una casa. La imagen podría despertar algunos sentimientos y pensamientos. Sin embargo, si añado que ésta es la casa de la familia de Shadiya, a la cual  no han podido regresar porque fue incautada por ocupantes Israelíes en 1967, y que Shadiya regresa a observar su casa perdida una vez por semana porque le recuerda a su padre y le trae memorias de su infancia, seguramente veremos y evaluaremos la imagen de forma diferente. Las connotaciones y significados se multiplican. Jonh Berger escribe que “el significado de una imagen cambia de acuerdo a lo que uno ve a la par o inmediatamente después de ella. La autoridad que retiene la imagen se encuentra distribuida entre el contexto en el que aparece.” (traducción propia) [iii] Las palabras y las imágenes trabajan juntas misteriosamente para influenciar y cambiar nuestra percepción.

 

 

 

Barthes escribe que somos una civilización de escritura y discurso. En cada imagen esta presente un mensaje lingüístico en forma de titulo, nota al pie, subtitulo, guión de cine, etc. Las películas, por ejemplo, no pueden verse sin palabras. Adicionalmente, las imágenes son polisémicas—o sea que tienen múltiples significados, y la comprensión de estos significados depende del contexto en que se utilice la imagen. [iv]  La misma imagen puede tener significados distintos para cada persona. Sin embargo, algunos significados gozan de una comprensión universal. Un tomate podría significar para algunos un simple tomate, mientras que para otros significa una ensalada o una salsa para espagueti. El proyecto Jerusalén en exilio creará un ensamblaje de imágenes y palabras. Dependiendo del texto que se presentará junto a la imagen, estaremos observando imágenes que fueron una transformación de experiencias personales descritas con palabras. De modo que las imágenes y las palabras serán de una naturaleza intima. A diferencia de las imágenes de Jerusalén que nuestros ojos están acostumbrados a ver, las imágenes en este proyecto van a estar empoderadas por los recuerdos únicos y personales de los participantes. Barthes asegura que los textos ayudan a escoger el nivel correcto de percepción; permiten que uno enfoque no solo la mirada, sino también la comprensión [v].    

 ¿Qué hace a la fotografía—el dibujo con luz—única? ¿Qué distingue al trabajo de un fotógrafo de las millones de personas que toman millones de fotos en cualquier día? ¡Es increíble que al presionar el botón de una cámara, una imagen se produzca en menos de un segundo! En sus escritos, Kant comenta que un pintor generalmente establece una relación con sus pinturas. Un pintor refleja, siente y sabe lo que va a producir. En cambio las personas que toman fotos frecuentemente se sorprenden cuando ven los resultados de lo que fotografiaron. Esto sucede principalmente porque no comparten una relación con la temática de la foto. Generalmente desarrollan una relación al tema después de ver las imágenes. [vi] Por lo general, esto conduce a fotografías esencialmente menos intrigantes. 

 

 ¿Entonces, como pueden las personas desarrollar una relación con las cosas que fotografían en un segundo? De hecho, para aquellas personas que utilizan a la fotografía como medio para la expresión artística, este segundo es un largo proceso de pensamientos y sentimientos en lucha interna. Solamente cuando el pensamiento y el sentimiento convergen—o sea cuando el fotógrafo (artista) se siente listo y capaz de sacar sus pensamientos y sentimientos a la luz—es que el artista busca la materialización física que más se asemeje a lo que tiene en su mente. Es un viaje desde el subconsciente, donde las imágenes mentales viajan a la conciencia y eventualmente buscan satisfacerse con una imagen aparentemente semejante. En realidad, esto es lo que distingue a la fotografía como arte, de las fotografías comunes. En este sentido, el fotógrafo generalmente no se sorprende de los resultados porque buscaba algo en particular. La relación entre fotógrafo y sujeto ha sido establecida de antemano. El espectador siente que el fotógrafo ha hecho una elección, y percibe la relación entre el fotógrafo y lo que éste fotografió. [vii] No cabe duda que ésta es la razón por la que unas imágenes atraen nuestra mirada más que otras. La elección y la relación que percibimos como espactadores, conllevan a que la imagen tenga un toque personal, al igual que las pinturas tienen un toque personal de los pintores.    

 

 Algunas fotografías nos animan y nosotros las animamos a ellas. En esa forma se crea una aventura. Algunas nos animan porque nos hacen darnos cuenta de algo que no sabíamos antes [viii]. Al ver las fotografías de Jerusalén que existen actualmente, no se encuentra nada raro y faltan elementos de sorpresa. La rareza y la sorpresa son algunos de los elementos de una imagen exitosa. Cuando regresamos de unas vacaciones y revelamos o descargamos las fotos que tomamos, sentimos afinidad con muchas de las imágenes. Esto sucede porque hemos fotografiado algo nuevo para nosotros. Sin embargo, las mismas fotos no serían extraordinarias para los habitantes del lugar. Adicionalmente, valoramos las fotos porque nos traen buenos recuerdos. Sontag incluso asegura que las fotos sirven de prueba que las vacaciones en verdad sucedieron y que produjeron diversión. [ix]. Frecuentemente les mostramos las fotos a nuestros amigos y les contamos las historias detrás de ellas. Son estas historias las que ayudan a nuestros amigos a entender el por qué cierto momento fotografiado tiene significado para nosotros o importancia memorable. No estoy sugiriendo acercarnos a Jerusalén desde el punto de vista de un turista. Más bien quiero decir que la historia detras de la imagen es lo que la hace memorable. Solo cuando nuestros amigos conocen la historia (desde la perspectiva de alguien que no estuvo allí), podrán entender nuestra relación con la imagen. Esa imagen claramente contiene más de un segundo de tiempo, ya que podría simbolizar el viaje entero.

 

 “Finalmente, la Fotografía no es subversiva cuando asusta, repele o incluso estigmatiza, sino cuando es pensativa, cuando piensa.” (traducción propia) [x]. Una simple fotografía turística no les provoca sentimientos a aquellos que conocen Jerusalén muy bien; la foto no piensa. Jerusalén es universal y un sujeto complicado. Por ende, resultaría extremadamente difícil encontrar percepciones frescas o renovar conceptos de la ciudad. De acuerdo a Barthes, las imágenes turísticas pueden no satisfacer lo que él llama el “esprit de finesse”; se sienten más visitables que habitables [xi]. Visitable tiene una connotación de fin. Cuando visitamos un lugar existe un marco de tiempo; un comienzo y un final. También existe la posibilidad de que no regresemos nunca al lugar. Las visitas cortas no nos dan la oportunidad de descubrir los detalles mas íntimos de la vida en cierto lugar, ciudad o grupo de gente. Habitable, en cambio, tiene una connotación de vida. Una vez que vivimos en algún lugar y lo transformamos en nuestro hogar, comenzamos a sentirlo, vivirlo y volvernos parte de el. Es ese sentimiento de pertenencia el que hace falta cuando vemos fotos recientes de Jerusalén. Estas imágenes no nos hacen sentir que son habitables; son más bien visitables. Sólo al transformar los recuerdos y las imaginaciones de la gente en fotografías, podremos ver las imágenes de Jerusalén y sentirlas habitables. Las fotos de Jerusalén podrían no significar nada para mucha gente. Podrían ser fotos indiferentes; algunas de las miles de manifestaciones de lo ordinario. Una vez que existe una relación y los espectadores la experimentan, éstas fotos se transforman en imágenes con significados y valor.

 

 Cuando conocemos su trasfondo, cambia la forma en la que vemos a una imagen. Una imagen aparentemente banal de repente se transforman en algo que despierta un mayor nivel de reflexión. Cierta imagen del espacio podría tener pocas connotaciones. Sin embargo, si sabemos que la imagen fue creada por un prisionero de cadena perpetua a quien el juez permitió salir unas pocas horas a respirar aire fresco, valoraremos la imagen de forma diferente y nuestra percepción del espacio se agudizará.

 

 

 

 Lo mismo aplica a las imágenes de Jerusalén. Hemos visto miles de imágenes de la ciudad, así que nos resulta difícil renovar nuestra percepción de ella. Sin embargo, algo nuevo sale a la luz cuando uno sabe que una fotografía es realmente la re-creación fotográfica de una imagen mental de Jerusalén que alguien tiene en su memoria, y que a través de ella podemos experimentar los pensamientos íntimos de esta persona.

Barthes comienza su libro Camera Lucida con una fotografía tomada en 1852 que muestra a Jerome, el hermano menor de Napoleón. Barthes se dio cuenta que estaba viendo a los ojos que vieron al Emperador mismo [xii]. Jerusalén en exilio les dará la oportunidad a muchos palestinos de materializar sus imágenes mentales. De cierta forma, cuando veamos las imágenes estaremos viendo a Jerusalén a través de los ojos de ellos y ellas. Tendremos la oportunidad de descubrir pensamientos y recuerdos escondidos, así como detalles íntimos de Jerusalén que los participantes conservan en su mente.

 Jerusalén probablemente ha sido fotografiada más que ninguna otra ciudad en el mundo. Asimismo, ha sido documentada en innumerables libros. Ya casi no queda nada nuevo que un fotógrafo pueda aportar. Yo siento que Jerusalén necesita una liberación visual. Esto solamente se puede lograr añadiendo una nueva dimensión a las fotografías. Esta dimensión existe dentro de nosotros, en lo profundo de la imaginación. Alcanzar esa dimensión implica una mirada profunda, un viaje a las mentes de muchas personas, donde se unan todas para ‘renovar’ y ‘reconstruir’ Jerusalén.

 Jerusalén esta exiliada; existe en alguna parte del cielo. Cuando alguien está exiliado, generalmente vive en otro país. Allí, tiene dos opciones: mezclarse con la gente local o mantener siempre una pasión por su tierra natal. Jerusalén esta exiliada, pero ningún otro país la ha aceptado. Ha encontrado refugio en las mentes de las personas que la recuerdan. Se ha convertido en una memoria, una imagen. Con la ayuda de un pequeño lente fotográfico, que se abrirá por menos de un segundo, retrocederemos en el tiempo como un destello de luz; regresaremos a la Jerusalén que existe en las mentes y las imaginaciones. Este proceso recuperará, revivirá y les dará significado a las fotos [xiii]. 

 Lo que me interesa no es la preservación de la memoria y la evidencia, ni tampoco la idealización de las imágenes mentales. Más bien me interesa lo que esta experiencia despertará en cada uno de nosotros a nivel personal. ¿Todos tenemos recuerdos, pero qué tan frecuentemente los recordamos? Al recordarlos,  podríamos descubrir cosas que con el tiempo hemos pasado por alto. La fotografía puede ser el puente a través del cual podemos re-acceder a los recuerdos y a la memoria. La fotografía ayudará a resucitar estos recuerdos y a darles vida. Podremos interactuar con lo que estaba escondido. Cuando yo materialice estos recuerdos, las fotografías no van a reemplazar al recuerdo, como algunos temen [xiv]. La imagen simplemente nos va a conectar al recuerdo. Es como un tren que nos lleva de un destino a otro. El tren no constituye el origen ni el destino; es simplemente el vehiculo. Sin el tren, el viaje se vuelve más largo y nos podemos perder en el camino. Es el tren el que nos transporta, y es la fotografía la que nos ayudará a despertar la memoria y la imaginación para que lleguen a un destino. El destino es una percepción renovada de Jerusalén.   

 

 

[i] Roland, Barthes. “Rhetoric of the image.” Classic Essays On Photography. Ed. Alan Trachtenberg. Connecticut: Leets’s Island Books. 1980. 269 

[ii] Havcrkamp, Anscim. “The Memory of Pictures: Roland Barthes And Augustine On Photography.”  Comparative Literature, 45 (Summer, 1993): 258-279.   

[iii] Berger, John. Ways of Seeing. London: Penguin, 1972.

 [iv] Roland, Barthes. “Rhetoric of the image.” Classic Essays On Photography. Ed. Alan Trachtenberg. Connecticut: Leets’s Island Books. 1980. 269 

[v] Roland, Barthes. “Rhetoric of the image.” Classic Essays On Photography. Ed. Alan Trachtenberg. Connecticut: Leets’s Island Books. 1980. 269 

[vi] Cohen, Ted. “What’s Special About Photography?” Aesthetics, A Reader In The Philosophy of the Arts. Ed. David Goldblatt, and Lee Brown. New Jersey: Pearson, 2005. 87-89.

 [vii] Cohen, Ted. “What’s Special About Photography?” Aesthetics, A Reader In The Philosophy of the Arts. Ed. David Goldblatt, and Lee Brown. New Jersey: Pearson, 2005. 90.

 [viii] Roland, Barthes. Camera Lucida. New York: Hill And Wang, 1980. 20-23.

 [ix] Sontag, Susan. On Photography. New York: Picador, 1973.

 [x] Roland, Barthes. Camera Lucida. New York: Hill And Wang, 1980. 38.

[xi] Roland, Barthes. Camera Lucida. New York: Hill And Wang, 1980. 38-40.

[xii] Roland, Barthes. Camera Lucida. New York: Hill And Wang, 1980. 3.

[xiii] Havcrkamp, Anscim. “The Memory of Pictures: Roland Barthes And Augustine On Photography.”  Comparative Literature, 45 (Summer, 1993): 266.

[xiv] Havcrkamp, Anscim. “The Memory of Pictures: Roland Barthes And Augustine On Photography.”  Comparative Literature, 45 (Summer, 1993): 274.

         

 

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